viernes, 15 de julio de 2011

Facundo Cabral, una vida totalmente libre y en paz


Hace un rato estuve mirando por tv un programa dedicado al querido y hace apenas unos dias perdido cantante y autor Facundo Cabral.

Se trataba de una entrevista que se le hizo no hace mucho tiempo aquí en su país, la Argentina.

Como siempre lo hizo en sus presentaciones, sus palabras no tuvieron desperdicio, aunque aquí contó un poco su historia personal, su historia de vida. Estuvo presente la alusión al padre abandónico como la madre a la que siempre recordó.

Me llamaron más que nada la atención tres situaciones de su vida que contó al periodista. Una de ellas que no había aprendido a leer sino hasta los catorce años en que decidió enseñarle un librero ya que él insistía en que le leyera en su librería volúmenes completos de los escritores más encumbrados, Faukauld, Sartre, Borges, Lao Tse Tung, Nietzche, Krishna Murta, y tantos otros. Fue un total autodidacta y eso es algo muy valioso para quien sabe hacerlo y utilizar lo que ha aprendido en la vida de manera absolutamente independiente, transmitiéndolo a los demás a través del canto, en este caso, un trovador.

La segunda situación que me llamó mucho la atención es que confesara que no dependía de nadie ni nadie lo hacía de él. No tenía casa propia, ni tampoco auto, vivía en hoteles de una extremo a otro del mundo, no tenía pareja ni hijos, cuando quería una mujer, la tomaba y allí terminaba todo. O sea, el desapego en su máxima expresión, la libertad total, Facundo Cabral parece que la había logrado.

Y por último me quedó una frase que dijo casi al final, la felicidad es algo inexistente, lo que el hombre debe buscar es la paz, la paz es lo único que hace feliz al hombre, dijo, o algo similar.

Cuando lo escuché no pude menos que pensar que no estoy tan equivocada en esta búsqueda lenta pero sin detenimientos que hago yo de la paz, quizás cuando la encuentre totalmente, descubra que al fin...soy feliz.



Quiero agregar como último párrafo que un hombre como él que emanaba esa paz que había logrado y que la distribuía al mundo con sus canciones y sus palabras, no merecía de ninguna manera la muerte que tuvo, ya que fundamentalmente era un pacifista, y que es de esperar que las autoridades de Guatemala, donde sucedió el hecho que le hizo perder la vida, tomen debida nota y actúen en consecuencia, por supuesto con la ley y la justicia en las manos.
 
Melan

2 comentarios:

Humberto Dib dijo...

En verdad que fue una muerte injusta, porque uno puede pensar que todas las muertes son injustas, sin embargo ésta es inmensamente inmerecida.
Muy buena la reflexión que dejaste en mi blog, me pareció interesante y sincera.
Un beso enorme.
Humberto

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Paso a saludarte Melan, hace tiempo que te espero.
Estoy contigo con la aportación que nos dejas Fecundo.
Con ternura
Sor.Cecilia